Nombre Científico : Felis concolorFamilia : Félidos
Orden : Carnívoro
Clase : Mamíferos
Identificación : Es el único félido de gran tamaño de América que muestra una coloración uniforme.
TAMAÑO
Longitud cabeza-cuerpo: 105-196 cm (macho) y 97-152 m (hembra); altura en la cruz: 60-70 cm; longitud de la cola: 66-78 cm (macho) y 53-81 cm (hembra). Peso : 67-103 kg (macho) y 36-60 kg (hembra).
DISTRIBUCION
Parte occidental de Norteamérica, desde el suroeste de Canadá, México y gran parte de América Central y del Sur hasta el sur de Chile y la Patagonia.
HÁBITAT
Muy variado, desde zonas semidesérticas, praderas, humedales y pluvisilvas de llanura hasta bosques caducifolios o montanos de coníferas, siempre que exista cobertura vegetal o rocosa y una cierta abundancia de presas.
ALIMENTACION
Principalmente cérvidos: wapitis, ciervos de Virginia y ciervos mulos en Norteamérica; corzuelas, ciervos de pantanal, venados, huemules y pudús en Sudamérica. También consume otros ungulados, zarigüeyas, castores, puercoespines, otros roedores y diversos lagomorfos. Reproducción
De 1 a 6 crías (por lo general 3 ó 4) después de 90 a 96 días de gestación. Alcanzan la madurez sexual hacia los 2,5 años, pero los machos no se aparean hasta pasados los 3 años. En las zonas más escarpadas de América, y en muchos de sus grandes bosques, se encuentra todavía el puma, un félido esbelto y de gran tamaño, cuyo pelaje uniforme y desprovisto de manchas le ha valido el nombre de león de las montañas. Misteriosos y esquivo, el puma es uno de los grandes felinos menos estudiado, pese a que en el Nuevo Mundo ocupa un área de distribución superior a la de cualquier mamífero excepto el hombre. De un tamaño similar al leopardo, es mucho más esbelto que éste, lo que contribuye sin duda a su gran agilidad. Merodeador incansable de un vasto territorio en el que lleva una vida solitaria, el puma es un cazador temible, dotado de una gran fuerza que le permite capturar presas hasta seis veces más pesadas que él.
LOS FÉLIDOS
Los félidos se separaron del tronco común de los carnívoros hace unos 35 millones de años, pero la radiación que dio origen a los géneros actuales ocurrió en épocas geológicas más recientes, hace unos 10 millones de años. El género Pseudaelurus, que según algunos zoólogos constituye el grupo basal de esta familia, se diversificó rápidamente, dando félidos con dientes de tipo cónico por un lado (similares a los de las especies actuales) y tigres de “dientes de sable” por el otro. Estos últimos eran los de mayor tamaño; entre sus representantes más conocidos estaban Dinofelis y Machairodus (en África y Eurasia) y Nimravides (en Norteamérica).Aparición del pumaHace unos cinco millones de años, mientras los tigres de dientes de sable todavía ejercían su dominio en Europa occidental, en el otro extremo de Eurasia aparecía Neofelis -género al que pertenece la actual pantera nebulosa-, inaugurándose así el linaje de los actuales penterinos. El puma, que pese a su adscripción al género Felis pertenece a este heterogéneo linaje, apareció en Norteamérica hace unos 300.000 años y se extendió por Sudamérica poco después.Aunque los estudios de taxonomía molecular parecen indicar que el subgrupo de los panterinos que comprende al puma se diferenció de la rama que luego condujo a los géneros Neofelis y Panther hace unos ocho millones de años, no se sabe a ciencia cierta cuáles fueron sus ancestros. Con el registro fósil disponible, es difícil saber si el puma tiene un ancestro común con el enorme Felis inexpectata que vivió en Norteamérica hace más de un medio millón de años, o con una forma extinguida de guepardo (Miracinonyx trumani), que también habitó en el continente americano durante el Pleistoceno.

ESPECIES EMPARENTADAS
Pese a estar incluido en el género Felis, según varios autores el puma está más emparentado con el guepardo, la pantera nebulosa, el jaguarundi y los grandes félidos del género Pantera -león, tigre, jaguar y leopardo-, que con muchas otras especies de su propio género. Todos estos animales pertenecen al linaje de los panterinos, un verdadero cajón de sastre -es el más heterogéneo de los linajes felinos- que no sólo contiene especies de gran tamaño sino algunas tan pequeñas como el gato de pintas rojizas, que no supera los 48 cm de longitud. Dada la extensión del grupo de los panterinos, a continuación se exponen los principales subgrupos de este linaje que, por pertenecer como el puma al género Felis, pueden considerarse como los más afines a este félido.
MEDIO NATURAL
Distribución
El puma es el mamífero que, con la única excepción del hombre, ocupa el área de distribución más extensa en el continente americano. Pese a la caza indiscriminada de la que ha sido objeto durante siglos, el gran félido unicolor todavía puede encontrarse -aunque siempre muy raro- en una amplia franja que se extiendo desde el centro de la Columbia británica hasta los 51° sur -como mínimo- en el sur de Chile y Argentina. Y si, bien en Norteamérica el puma prácticamente ha desaparecido al este del Mississipi, en México, en América Central y del Sur, por el contrario, continúa habitando en gran parte de los territorios que ocupaba antiguamente.El puma sigue siendo perseguido con ahínco en los lugares más poblados, así como en los frecuentados por el ganado y, por consiguiente, sólo se encuentra en las zonas más remotas y escarpadas. Pero en varios lugares de Norteamérica, como pro ejemplo California, estado que le brinda protección rigurosa desde 1990 -excepto cuando se trata de individuos muy problemáticos-, no es raro que el gran félido aparezca en la periferia de poblaciones como Hayward, Richmond y Berkeley. Paradójicamente, Norteamérica es también la parte del continente donde el puma ha sufrido la mayor reducción en su área de distribución original. Así como antaño esta especie ocupaba la totalidad de Estados Unidos y las zonas contiguas de Canadá, hoy su último bastión al este del Mississipi son las remotas marismas del sur de Florida.
HÁBITATS
Extraordinariamente adaptable, el puma frecuenta todo tipo de hábitats, desde bosques de montaña hasta humedales, praderas y zonas subdesérticas, pasando pro las pluvisilvas tropicales de llanura que a menudo debe compartir con el jaguar. Incluso en Canadá y Estados Unidos, donde este animal ha quedado relegado sobre todo a zonas montañosas, cañones y otros terrenos rocosos, todavía ocupa, sí bien en menor número, una amplia gama de hábitats, desde marjales y bosques de ribera hasta densos bosques de coníferas. Capaz de trepar y de nadar aunque prefiere siempre la tierra firme, el gran felino se encuentra igualmente a sus anchas en estos variados hábitats siempre que disponga de un suministro de agua dulce y de cobertura suficiente para mantenerse oculto mientras caza.Aunque en el norte y en el sur de su área de distribución, el puma suele vivir en zonas rocosas y utilizar una cobertura mineral -desprendimientos, grandes bloques rocosos, etc.-, en muchas otras se conforma con un tapiz vegetal (contra el que su uniforme pelaje no le camufla de un modo tan efectivo). La coloración parda tampoco es un gran camuflaje cuando el puma se desplaza por la nieve, pero aun así sorprende como el flexible y esquivo felino aprovecha todas las anfractuosidades del terreno para mantenerse oculto. Por lo demás, la nieve puede ser un elemento poco menos que constante para muchas poblaciones de este félido que no sólo ocupa los extremos boreal y meridional del continente, sino también las grandes alturas. En California, por ejemplo, el rango altitudinal del puma se extiende hasta los 3.350 m como mínimo; en Ecuador, el félido llega hasta 4.500 , e incluso se han encontrado huellas a 5.800 m de altitud en el sur del Perú.
SUBESPECIES Y POBLACIONES
La extensa zona geográfica ocupada por el puma en el continente americano obliga a este animal a adaptarse a faunas y biotipos muy diversos. Es muy posible que por esta razón las distintas poblaciones que se distribuyen por estos vastos territorios muestren diferencias de morfología o de comportamiento que, en varias ocasiones, permitan hablar de subespecies. Sin embargo, los estudios sobre el tema son bastante escasos, a excepción de los efectuados en América Central y del Norte. Pese a esta carencia, varios investigadores han descrito numerosa formas geográficas y algunos de ellos han llegado incluso a mencionar una treintena.Aunque no todos los autores están de acuerdo, una opinión bastante compartida es que existen 27 especies. Por desgracia, algunas de estas subespecies se encuentran en una situación precaria. La “pantera” de Florida (F.c.coryi) que se encontraba antaño desde el este de Texas hasta el estado homónimo, sobrevive hoy únicamente en el Big Cypress Swamp y el Everglades Ntional Park de Florida; su población total no debe superar los 50 individuos, pese al programa de estudio y conservación iniciado en los años 80 y al programa de cría en cautividad iniciado en 1991. Otra subespecie norteamericana, F.c.couguar, que podría estar todavía presente en el noreste de Estados Unidos y las zonas de Canadá contiguas, fue prácticamente eliminada poco después de la llegada de los europeos. Más al sur, en Nicaragua y Costa Rica, las poblaciones de F.c. costaricensis se hallan también en una situación delicada, debido en este caso a la imparable destrucción del bosque tropical. Las tres subespecies indicadas están incluidas en el apéndice 1 de las CITES (Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de la Fauna y de la Flora Silvestres), y la de Florida está además considerada como en peligro por la UICN. Según parece, a principios de nuestro siglo el puma fue prácticamente eliminado en toda Norteamérica al norte de México, a excepción de las zonas montañosas del Oeste, el sur de Texas y Florida. Pese a ello, la especie continúa siendo relativamente abundante en estas zonas y es incluso posible que haya colonizado algunas otras. Tras décadas de persecuciones masivas en América del Norte, incluso en los parques nacionales donde hasta hace poco era considerado como una especie nociva para los grandes herbívoros, el puma parece recuperar terreno. Desgraciadamente, no existen datos poblacionales suficientes que permitan conocer la situación real de esta especie en América Central y del Sur.

ANATOMIA DEL PUMA
Pese a su gran tamaño, similar en promedio al del leopardo, el puma es un félido de gran elegancia y esbeltez. Contribuyen a ello el cuerpo alargado, la cabeza pequeña, el cuello largo y la cola también larga con respecto al cuerpo. Pero la elegancia de sus formas no impide que el felino sea un temible cazador, superior en agilidad e incluso en fuerza a algunos de los miembros del género Panthera.

OJOS
Grandes y dirigidos hacia delante como en todos los félidos, lo que permite una visión binocular muy desarrollada en la mayor parte de su campo visual. Este desarrollo permite, a su vez, detectar los movimientos de una presa potencial y calcular con gran precisión la distancia a la que se encuentra. La retina está compuesta en su mayor parte de bastones, más sensibles que los conos a bajos niveles de luz, lo que le permite ver de noche o durante el crepúsculo, cuando la mayoría de sus presas están activas.
CABEZA
Pequeña con respecto al cuerpo; como en otras especies del género Felis, el aparato vocal del puma tiene un hueso hioides completamente osificado, lo que le impide rugir.
CUERPO
Alargado y musculoso, contribuye a la elegancia del felino junto con la longitud del cuello; suele ser mayor en el macho que en la hembra y, por lo general, sus dimensiones son menores en los trópicos que en los extremos septentrional y meridional de su área de distribución.
DENTICION
Muy reducida y especializada: incisivos pequeños; caninos largo , fuertes y situados frontalmente; premolares agudos, pequeños y poco numerosos; par de muelas carniceras muy desarrolladas, perfectamente adaptadas para cortar carne.
VIBRISAS
Largas y pálidas; como en otros félidos, faltan las vibrisas de las bardilla, probablemente porque no existe un comportamiento de búsqueda olfativa a ras de suelo.
PELAJE
Corto y toco, el pelaje del puma se presenta en dos gamas de color: una de ellas varía del ocre, leonado o canela al pardorrojizo o pardo herrumbroso, mientras que la otra oscila entre el gris plata o gris azulado y el color pizarra. El pelaje siempre es más claro en la parte inferior, blanco en el pecho y garganta, ocre pálido en la zona ventral y suele haber una línea central más oscura en el dorso. Muestra marcas contrastadas en el rostro, blancas y negras o marrones oscuras.
OREJAS
Pequeñas y redondeadas, lo que no impide que posean una gran capacidad auditiva y puedan captar una amplia gama de frecuencias. Como en otros félidos, la bula timpánica, que alberga el laberinto y los huesos del oído medio, está dividida en dos cámaras pro un tabique interno completo. La función de estas dos cámaras rellenas de aire es aumentar la resistencia y permitir una mayor sensibilidad auditiva, adaptación que en el caso del puma compensa ampliamente las pequeñas dimensiones de sus, por lo demás, muy móviles orejas.
PATAS
Como adaptación para la última carrera hacia la presa, durante la cual necesita desarrollar una gran velocidad, el puma presenta, como todos los félidos, un importante alargamiento de la mitad inferior de sus extremidades. Este está limitado por la necesidad estructuralmente opuesta de un antebrazo potente que permita derribar o sujetar la presa. Para compensar esta limitación, se ha reducido la clavícula, en tanto que la articulación de las vértebras se ha vuelto muy flexible, lo que permite, además, dar grandes saltos y aumentar la velocidad en la carrera. Poderosas y poco especializadas; las posteriores son mayores que las anteriores y tienen cuatro garras retráctiles en ves de cinco.
GARRAS
Retráctiles y siempre muy afiliadas; protegidas por unas fundas dérmicas que evitan su desgaste, no se utilizan durante la marcha, sino únicamente para capturar la presa o para marcar y trepar a los árboles.
COLAS
Bastante larga con respecto al cuerpo, ayuda al puma a conservar su equilibrio cuando persigue a las presas: suele tener el extremo negro.
CICLO VITAL
Un animal solitario y territorial
Como la mayoría de félidos, el puma es un animal solitario que evita el contacto con sus congéneres. Todos los estudios efectuados hasta la fecha muestran que cada individuo vive en su propio territorio y que los únicos momentos de coexistencia son el brevísimo período de cortejo y reproducción y el período, mucho más prolongado, durante el cual la hembra cría a su prole. La comunicación se efectúa sobre todo por señales visuales y olfativas. Los machos marcan con sus garras el suelo o la nieve a intervalos regulares, depositando a veces orina o heces en las depresiones así creadas; también marcan los troncos de los árboles, y tanto ellos como las hembras rozan las ramas de árboles y arbustos para impregnarlas con su olor. Entre las vocalizaciones de ambos sexos se incluyen gruñidos, seseos y silbidos como de pájaro, pero nunca verdaderos rugidos porque, contrariamente a los grandes felinos del género Panthera, el puma tiene un hioides osificado que le impide rugir.
APAREAMIENTO Y PARTO
Aunque los pumas pueden aparearse en cualquier época del año, en varios puntos de su extensa área de distribución tienden a hacerlo en fechas concretas. Los pumas del norte de Argentina, por ejemplo, suelen aparearse de mayo a julio, en tanto que los de a Patagonia tienden a hacerlo al final de este período o en agosto (de este modo, los nacimientos tendrán lugar durante la primavera austral). Análogamente, en Canadá y el norte de Estados Unidos, donde la mayoría de los nacimientos tiene lugar a fines de invierno o a principios de la primavera boreal, los apareamientos suelen producirse de octubre a enero.El celo o estro de la hembra, que puede tener varios ciclos estrales consecutivos, dura de 9 a 11 días. Como en otros félidos, la ovulación se produce por estimulación sexual, tras los breves apareamientos que se repiten con frecuencia durante las aproximadamente dos semanas en que conviven ambos sexos. Durante el apareamiento, que no tarda más de un minuto, la hembra permanece tumbada en el suelo mientras el macho la mordisquea en la nuca. Terminado el fugaz período en que ambos sexos permanecen juntos, la hembra vive y caza sola durante los tres meses de gestación. Cuando se acerca el momento del parto, busca en su territorio un refugio seguro en el que pueda dar a luz a sus crías, cuyo número suele ser de tres o cuatro, si bien puede oscilar desde una hasta seis.

Crecimiento
El refugio de parto y de cría suele ser una cueva o una grieta entre rocas o bien, en zonas selváticas, una espesura densa o la cavidad formada por un árbol arrancado de raíz. Los cachorros, que al nacer pesan de 230 a 450 g., tienen un pelaje moteado que conservan hasta los seis meses de edad. La madre los desteta a los tres meses o más, pero a las seis semanas ya comienzan a probar la carne. Si han nacido en primavera, ya son capaces de acompañar a la madre en otoño y de cazar por sí solos a fines de invierno tras el fructífero aprendizaje que han obtenido con sus juegos.Aun así, no abandonarán la compañía materna durante varios meses o incluso hasta dos años en lugares donde la caza de presas grandes y peligrosas -como los wapitis-requiere un largo aprendizaje. Una vez emancipados, los jóvenes hermanos vivirán juntos otros dos o tres meses, antes de emprender su vida solitaria. A partir de este momento se verán enfrentados a una de las pruebas más dura de su vida, la de adquirir un territorio rico en presas y refugios -condición indispensable para empezar su actividad reproductora e incluso para evitar la muerte por inanición- sin entrar en litigio con los machos ya sedentarizados. Ello, en efecto, podría suponer su perdición, ya que los jóvenes no pueden competir con la fortaleza de un adulto, a no ser que éste sea viejo o esté enfermo.
LA CAZA
El método
El puma se alimenta principalmente de mamíferos medianos y grandes, a los que da caza tras un sigiloso rececho. En lugar de acecharlos desde un escondrijo, deambula en silencio (sus pies peludos amortiguan los crujidos de las hojas), atento a todos los ruidos y al menor movimiento. Tan pronto como detecta una presa, se queda inmóvil, oculto entre la espesura o camuflado contra el suelo rocoso, calculando la distancia y sus probabilidades de éxito. Acto seguido, inicia una lenta aproximación hasta unos pocos metros de su víctima y, con el vientre pegado a tierra, espera el momento oportuno para lanzarse sobre su dorso o agarrarla tras una fulgurante carrera. Favorecido por la longitud y la potencia de las patas posteriores, el ataque, en este último caso, se efectúa a 80 km/h, pero esta velocidad sólo puede mantenerse durante unos pocos segundos. Más notoria aún que su velocidad en la última carrera es la gran capacidad que tiene el puma para el salto. Capaz de brincar desde el suelo para encaramarse a una rama situada a unos 5,5 m de altura, el félido hace también amplio uso de su capacidad saltatoria para abatir a sus víctimas. Tras la muerte de la presa, que suele producirse por un mordisco en la garganta que perfora la tráquea (a menos que se trate de un cérvido de gran tamaño, en cuyo caso utiliza sus patas anteriores para torcer y quebrar el cuello de la víctima), el puma acostumbra a arrastrar la presa hasta un refugio seguro donde la devora parcialmente. A continuación, si la caza escasea, cubre el cadáver con hojas y ramas para poder consumirlo durante los días siguientes; si, por el contrario, las presas abundan, es posible que sólo se alimente una vez del cadáver y que no lo recubra.
PRINCIPALES PRESAS
A todo lo ancho de su extensa área de distribución, las presas más importantes consumida pro el puma suelen ser los cérvidos. En el hemisferio occidental, este tipo de presas adopta formas y tamaños muy diversos, desde los enormes wapitis o ciervos canadienses (Cervus elaphus) hasta los diminutos pudús meridionales (Pudú) del sur de Chile y Argentina. Aunque todos ellos son depredado por el félido, en Norteamérica los principales cérvidos presa del puma son el ciervo Virginia (Odocoileus virginianus), el ciervo mulo (O. hemionus) y los wapitis en algunas zonas; en Sudamérica, las corzuela (Mazama sp.), los ciervos de pantanal (Blastocerus dichotomus), los venados de la Pampa (Ozotoceros bezoarticus), y los huemules (Hippocamelus sp.). Tanto en el sur como en el norte del continente, la frecuencia de capturas varía, según se estima, desde un ciervo cada tres días para una hembra con crías crecidas hasta uno cada dieciséis días para un adulto solitario. La dieta del puma también incluye otros ungulados, lagomorfos y grandes roedores, tales como liebres, castores y puerco espines en América septentrional, o agutíes y pacas en América tropical. Por lo demás, la lista de las especies depredadas por el puma no se acaba con este tipo de animales; según la zona en el que habita este félido da caza a iguanas y serpientes (como en Panamá), armadillos, osos hormigueros y coatís (como en el sudoreste de Brasil y el Chaco de Paraguay), etc. En la Patagonia, pro ejemplo, los pumas depredan principalmente las liebres norteñas introducidas de Europa y los guanacos, siendo especialmente vulnerables los jóvenes de estos últimos.
UNA MALA FAMA INJUTIFICADAEn muchas de las mitologías amerindias el puma era honrado por su sigilo y su astucia. Los primeros pobladores de América le dieron distintos nombres, entre ellos el de pantera y león de las montañas; el segundo apelativo fue el que utilizaron los conquistadores españoles, pero curiosamente hoy e emplea más a menudo en Inglés que en castellano, porque en esta última lengua suele utilizarse el nombre que le dieron los incas: “puma”, que en quechua significa fuerte y poderoso.Para los antiguos amerindios matar a uno de estos animales con sus armas más bien artesanal, suponía una auténtica proeza. No fue así, en cambio, para los europeos que en los siglos XV y XVI llegaron a estas tierras armados con fusiles y escopeta. Ansiosos de eliminar cualquier elemento que se opusiera sus designios civilizadores, los pioneros encontraron en el puma uno de los símbolos más preclaros de una naturaleza salvaje que tenía que ser dominada a toda costa. De este modo, y a pesar de que el puma no suponía un gran peligro para hombres pertrechados con armas de pólvora, se iniciaron matanzas de una magnitud desconocida hasta entonces. En cuanto a las agresiones contra el hombre, suele decirse que el puma es un animal especialmente sanguinario. Todavía hoy, en algunos países como la Guayana francesa, donde este animal recibe el nombre de tigre roo, el puma es más temido que el jugar. Sin embargo, en todo el siglo XX los ataques al hombre que se saldaron con un fatal desenlace no deben superar la docena. De hecho, en Canadá y Estados Unidos, donde se han documentado 53 ataque perpetrados por pumas entre 1890 y 1990, tan sólo 9 fueron mortales. En la mayoría de los casos, según se reconoce hoy, se trataba de animales malheridos que no podrían alimentarse normalmente o bien de pumas afectados por la rabia y, por lo tanto, excepcionalmente agresivos.
Aunque ultimamente parece ser que se han dado varios ataques dentro de las mismas zonas sin saber el motivo concreto.







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